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Relato Un carnaval de verano

El relato Un carnaval de verano está inspirado en lo atípico del carnaval gaditano de este año. A veces la inspiración llega de cualquier parte.

Con el relato Un carnaval en verano me despido de los relatos hasta después del verano. Espero que os guste.

Relato Un carnaval de verano

—Póngase en pie el acusado. —Momo hace caso a la diosa Temis sin poder evitar lamerse el labio inferior.

—¿No será mejor decir que me ponga a levitar? ¿Usted sabe que no tengo pies?

—¡Ya basta! —En este momento Temis pierde la paciencia que tanto la caracteriza—. ¿Siempre tiene que tener la última palabra? Se le acusa de crueldad y burla ante las acciones de los dioses Poseidón, Hefesto y Atenea. Acabamos de escuchar sus testimonios y no hay ningún testigo en su defensa. ¿Tiene algo que decir antes de que dicte sentencia?

Momo traga saliva y por primera vez se muerde la lengua. No está el Olimpo receptivo para oír sus satíricos comentarios.

—Yo solo cumplí con mi deber, su señoría —dice agachando la cabeza—. Mi encargo consistía en juzgar el trabajo manual de los tres dioses. Y ofrecí mi opinión sobre el toro, el hombre y la casa que cada uno había construido. Lo que pasa es que ninguno aceptó los defectos de sus obras y ahora se me culpa a mí de crítica extrema. —Momo se vuelve señalando a los tres dioses mencionados—. ¿Acaso soy responsable de que el toro tuviera los cuernos mal colocados? ¿O de que el hombre no dispusiera de una ventanilla que nos permitiera conocer sus intenciones y pensamientos secretos? ¿Tal vez será mi culpa que la casa de Atenea fuera extremadamente pesada y sin ruedas para transportarla? ¡Son ellos los que pecan de soberbia!

—Momo, no solo se pasa todo el día criticando a dioses y mortales, sino que cada vez es más cruel con sus comentarios. Por eso, ante la absoluta ignorancia de mis advertencias, le destierro del Olimpo.

De repente, todos los presentes empiezan a aplaudir como si Apolo estuviera dando uno de sus conciertos y Momo se prepara para descargar su lengua viperina.

—¡Orden en la sala! En el próximo alboroto os desalojo a todos.

—¿Quién te crees que eres? —dice Momo furioso—. Si en el fondo me das lástima, sabiendo que llevas encima una cornamenta mucho más grande que la del toro construido por Poseidón. —Momo levanta los índices y meñiques—. ¿O acaso pensabas que Zeus iba a serte fiel? ¿Si de tan estricta y justa que eres parece que llevas un palo metido en el culo?

La sala se llenó de gritos, vítores y amenazas y Temis sintió que ardía como Hades.

—Así lo ha querido, Momo. No solo queda desterrado del Olimpo, sino que vivirá en la tierra en un siglo que no podrá contar con los dedos y transformado en un humano. Únicamente se le concederá volver si algún día encuentra a alguien con una lengua más afilada que la suya.

Y sin que Momo pueda protestar, Zeus lanza un rayo sobre él que lo desintegra en papelillos de colores.


¿Qué han mandado al Hades conmigo? No, por aquí no lo veo. Entonces, ¿por qué huele a quemado? ¿Y esto que son? ¿Unos pies? Necesito un río para ver mi reflejo. No reconozco estas prendas y estos dos bultos entre mi cuello y el ombligo no deberían estar aquí. ¿Soy una humana? ¡Maldita Temis!

Por inercia intento levantar el vuelo, pero me han cortado literalmente las alas y aún me siento torpe con estas nuevas extremidades. Aun así echo a correr cuando veo a un ser gigante que está inmerso en unas llamas asfixiantes y una multitud parece estar disfrutando con el castigo. ¿Dónde estoy?

No importa, resulta que también necesito oxígeno para respirar, así que me detengo y veo una playa pequeñita. Hay un cartel que dice que es La Caleta y lo primero que me sale es ir hasta las olas a ver si puedo ver mi reflejo. ¿Pero esto qué coño es, carajo? Resulta que también me ha cambiado un poquito el vocabulario, porque desconozco el significado exacto de estas palabras. Nada, que no puedo ver quién soy ahora. Sigo andando y observo asombrado los artefactos con ruedas que se desplazan por un camino gris. Al salir de la playa, veo que hay varios de estos caballos de metal que están quietos y me acerco a uno de ellos con mucho cuidado y silencio para no despertarlo. Cuando estoy pegado a él, me agacho y veo que tiene una especie de arroyo sólido que me muestra mi reflejo. ¿En serio? Soy una mujer vestida como una diosa menor, porque esta tela seguro que no es de nuestros mercados celestiales. Me las vas a pagar, Temis.


—Abuela, cuéntame otra vez ese cuento de cómo Momo vino a Cádiz en una estrella en una noche de quema del Dios que lleva su nombre.

—¿Otra vez? Pero mira que te gusta esa vieja historia, Manolito.

—Es que es mi cuento favorito de carnaval. Por fi, abu.

—Está bien. Momo llegó a la Caleta y vio que era una mujer vestida de diosa, porque tú sabes que a los gaditanos nos encanta disfrazarnos en Carnaval.

—¿Y qué hacía un Dios en Cádiz, abu?

—¿Pues que va a hacer? Lo mismo que nosotros, sobrevivir.


»Cuando Momo se dio cuenta de que la sentencia de Temis era real, entró en pánico. ¿Qué iba a hacer en esa tierra tan lejana sin sus alas? Al menos la boca no se la habían cosido, y menos mal, porque justo eso fue su salvación.

»Era una noche casi de verano extraña. Hacía muchos años que no se celebraba un carnaval en esas fechas y soltar papelillos con el calor pegajoso del levante en junio, no era santo de devoción de las masas que observaban la quema de ese gigante en la plaza de San Antonio.

»Escuchó cánticos extraños que de repente podía reconocer, a pesar de ser un lenguaje extranjero lleno de palabras desconocidas. Canciones que más tarde aprendió de memoria cuando le invitaron a formar parte de una comparsa.

»Pero eso ocurrió mucho tiempo después de buscarse la vida haciendo todo tipo de trabajos humanos: fue pescadera, costurera e incluso aprendió a conducir uno de esos caballos de metal enormes con los que transportaba mercancías por caminos eternos de asfalto. En cada trabajo, se fue ganando una fama de criticona deslenguada que caía bien entre aquellas gentes. Todo gracias al arte que aprendió de cómo decir sus verdades con sátira disimulada. Tal fue su reputación, que pensó que la acabarían desterrando también de aquella tierra, pero los gaditanos tienen mucha guasa para enfadarse por una lengua como la de Momo, que ahora era conocida como la Luisa.

»Siendo costurera fue cuando se aficionó a escribir cuplés, que eran las pequeñas coplas llenas de ironía y sarcasmo que se cantaban en época de carnaval y que hacían mucha gracia a los lugareños. Escribir no se le daba mal, pero las cantaba con tanto arte que pronto los autores de diferentes agrupaciones querían ficharla en su equipo. ¡Y eso a pesar de que era una mujer!


—Cómo tú, abu. ¿A que tú también has cantado en las mejores comparsas de Cádiz?

—Claro, Manolín. Yo salí con los mejores. Pero déjame que termine el cuento que ya es muy tarde.


»La misma lengua que lo expulsó del Olimpo ahora le daba la fama que siempre había deseado. Allí era una diosa de carne y hueso codiciada por los más grandes y fue donde conoció al único humano que lo superó en el noble arte de la sátira y la ironía.

»Era uno de los autores de Carnaval con más prestigio, aunque ya se sabe que en Cádiz pasan del amor al odio de un día para otro. Lo conoció en la misma Caleta donde aterrizó hace ya años, una tarde de levantera que la playa estaba desierta. Solo un loco como él se quedaría allí con su guitarra a dejar que el viento lo azotara de esa manera. Eran dos chiflados con una lengua muy suelta. Ese día, la Luisa se sentó a su vera y se puso a cantar algunos cuplés que había creado a ver si así picaba al maestro. Acabaron los dos borrachos con un repertorio nuevo y una amistad que nunca se extinguiría.

»Meses después, la Luisa actuó con el grupo del autor y esa día de preliminares fue todo un pelotazo. Aún se habla de esa noche donde los dos se marcaron un dueto de cupleses improvisados a cuál más afilado.

»La diosa Temis también fue espectadora de esa noche y al contemplar tal espectáculo, creyó que sería justo que Momo volviera al Olimpo al haber encontrado al único mortal que lo superaba en bromas irónicas y sarcasmo.

»Cuando Hermes bajó a darle la noticia a Momo, este se negó por completo. ¿Qué ser del Universo, humano o divino, elegiría separarse de Cádiz? Y como no podían obligarlo, Hermes se llevó sin previo aviso al afamado autor como nuevo Dios Momo del Olimpo.


—Abu, ¿por qué lloras?

—Porque echo mucho de menos a mi amigo.

¿Te ha gustado el relato Un carnaval de verano? ¿Cuál es tu fiesta del año favorita?

Si después de leer el relato Un carnaval de verano te has quedado con ganas de más, puedes ir a la sección de relatos del blog.

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