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Relato Obsesiones de espalda

El relato Obsesiones de espalda es uno de los relatos que forman parte de la antología de relatos cortos que Legends Founders creó este verano.

La historia del relato Obsesiones de espalda trata sobre cómo a veces nos obcecamos con situaciones que para los demás no tienen la mayor importancia.

Relato Obsesiones de espalda

Al final he decidido venir a su consulta porque me he dado cuenta de que me persiguen los tíos raros obsesionados con mi espalda y eso me está quitando la vida.

Mi amiga Mónica: pelirroja, metro ochenta, modelo curvy, muy tímida… ¿Sabe quién le digo? Sí, Mónica Palacios. Ella dice que usted es un terapeuta emocional especializado en obsesiones y desde que empezó a venir sigue con el corazón roto, pero le duele menos la cabeza. Con esa lógica tan suya pues me ha convencido para que venga, aunque yo no me fío mucho de los gurús de las emociones y el corazón, parecen más brujos que médicos, pero no se vaya a ofender que yo le doy oportunidades a todo el mundo, otra cosa es que después tenga que darme de nuevo la razón a mí misma.

Si no le importa, le agradecería una tila porque ya llevo tres cafés en el cuerpo y no sé si estoy más nerviosa por culpa de la cafeína o por venir a contarle mi drama a un desconocido que vete a saber que va a pensar de mí después de decirle lo que me pasa. Sí, ya sé que ustedes no juzgan, que se limitan a escuchar y a plantear soluciones para poder vivir de la mejor manera posible arrastrando las cruces de cada uno. Pero seamos sinceros, son humanos y como tales llevan un alma de vecina de patio, que según sus vivencias existenciales puede escandalizarse antes o después. O sentir la necesidad imperiosa de desahogarse con alguien cuando terminemos la consulta. Que yo he visto Los Sopranos y a mí nadie me engaña.

Le resumo mi caso antes de que me vaya por las ramas como me sucede siempre. Supe que algo raro pasaba después de ver ese documental de Netflix sobre la vida de un multimillonario que se acostaba con menores y que se acabó suicidando. No me acuerdo del nombre del tipo, pero tampoco es que eso importe demasiado. No es que me vea reflejada en esa historia ni mucho menos, pero cuando vi su obsesión por los masajes tuve una revelación inesperada: todos mis ex se morían de amor literalmente por los huesos de mi espalda. Me quedé toda la noche sin pegar ojo dándole vueltas al tema y estuve casi un día sin poder hablar. La gente se estaba asustando y todo porque yo solo me quedo en silencio cuando veo Anatomía Grey para poder llorar a gusto, si no, no me callo ni debajo de agua. Palabrita.

Hasta entonces no había reparado en esta situación tan rara ni le había dado mayor importancia, pero ahora atando cabos creo que me he convertido en una viuda negra de esas sin saberlo desde que supe lo que era besar con lengua.

Le pongo algunos ejemplos. Uno de mis primeros amores fue Toni. A él le encantaba jugar con hielos en mi espalda, pero como fue una locura de verano, me pareció una idea de lo más refrescante. El pobre se murió ahogado con uno de esos hielos mientras bebía tinto de verano en un chiringuito de una playa de Matalascañas. Luis estudiaba para ser fisioterapeuta, así que fui su conejillo de indias durante tres años hasta que el mismo día de la graduación tuvo un accidente de coche que le partió la columna en dos. Muy traumático todo, una vida tan corta y la de dolores de espalda que iba a padecer yo desde entonces con tantas prácticas que hizo conmigo. Luego tuve una etapa rebelde y de experimentación y fue cuando conocí a Pedro, quien solo era capaz de correrse si me lamía la espalda desde el cuello hasta el coxis. Y aunque me dejaba llena de babas como si fuera un caracolillo, no me importaba porque yo siempre he sido muy generosa en esto del amor y poco escrupulosa, la verdad. Más tarde supe que el marido de la mujer con la que me ponía los cuernos los pilló un día en la cama y los mató a los dos. Pura tragedia griega o telenovela venezolana, pero un poquito buscada, no vamos a engañarnos. Ya después abandoné los excesos y apareció Roberto en mi vida. Era un florista que siempre me regalaba flores preciosas de color naranja para decorar mi espalda desnuda y hacerle fotos; era todo un artista, muy sensible, tanto, que cuando lo dejé dicen que se murió de la pena. Siempre me sentí un poquito culpable de no haber sido tan romántica y sensible como él. Incluso con Kenzo, no me pareció extraño cuando me propuso comer sushi directamente en mi espalda porque creía que era algo típico de su país. Yo estaba viajando por Asia y aún no sabía mucho sobre ellos. También murió, pero por anisakis y resulta que tampoco era una costumbre tan extendida como yo pensaba lo de engullir directamente del cuerpo de una mujer desnuda.

Estos son solo algunos casos. Sí no son suficientes, dígamelo que le cuento más, pero yo creo que con Toni, Luis, Pedro, Roberto y Kenzo ya puede hacerse una idea ¿Cómo no pude haberme dado cuenta antes? ¿Cómo he podido vivir tan ciega? El problema aquí, como ya se habrá imaginado, es que todos se enamoraron de mi espalda y esto me está matando la autoestima. Cada vez me queda menos y a este paso ¿quién va a quererme si no me quiero ni yo? Esto es muy grave ¿Por qué no se fijaron en mis ojos o en mis tetas? ¡Qué para eso me costaron un pastón y aún las estoy pagando a plazos! Lo llego a saber y me quedo planita como estaba pero sin agujeros en mi cuenta corriente. Total, si solo me quieren por mi espalda, esa la tengo perfecta para cargar sacos, como decía mi abuela. Sí, que todos murieran también es algo curioso, pero primero curemos mis obsesiones que para eso soy yo la que le paga y ha encontrado un hueco en la agenda para venir y ya si sobra tiempo hablamos de las de ellos. ¿Le parece?

¿Qué te ha parecido el relato Obsesiones de espalda? ¿Crees que la protagonista necesita de los servicios del psicólogo o está más cuerda que muchos?

 

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