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La soledad

Un año más llega Halloween, con sus calabazas, fantasmas e historias de miedo. La soledad es una historia de terror. ¿Qué pasaría si lo que desearas fuera el inicio de tu peor pesadilla?

La soledad

«Cuidado con lo que deseas» me decía siempre mi abuela, y ¡qué razón tenía! Toda una sabia era esa mujer. Con mucha mala leche con la gente que no le gustaba, pero una sabia medio bruja que ya adivinó la que se nos venía encima. ¿Quién me iba a mí a decir que echaría de menos la soledad que tanto me asustaba?

Lo confieso. Nunca me ha gustado estar sola. De pequeña porque pensaba que vendría a comerme el hombre del saco, hasta que vi Monstruos S.A y me hice amiga de los monstruos. De adolescente, porque estar sola era sinónimo de ser impopular y después porque siempre puse a un hombre en mi vida para no sentir ese vacío que te atrapa cuando te quedas sola con tus propios pensamientos. Tampoco es que fuera consciente de todo esto, muchas horas de psicólogo me han costado y de que un amante me dijera después de echar el polvo de mi vida que yo nunca sabría estar sola. Supongo que tenía razón, pero en ese momento solo le pedí que se marchara para fumarme un cigarrillo a escondidas, el primero y el último de mi vida.

Tendría que rebuscar en mi diario amarillo para ponerle una fecha exacta a este caos de vida que tenemos ahora. No es fácil, no fue de un día para otro. Primero el programa de Gran Hermano a gran escala como nuevo experimento social, después el contrabando de información sobre la vida de tus vecinos, la paranoia que se fue creando sobre quién espiaba a quién hasta que llegamos a un número insostenible de suicidios, o de asesinatos camuflados. Ya nadie podía fiarse ni de sus propios recuerdos y cada vez quedaba menos gente en esta nueva sociedad que se estaba forjando a base de la venta de intimidades. Ante el miedo de quedarnos sin suficiente número de habitantes en un país agonizante, el Gobierno decidió que no podíamos estar solos, porque solos nos suicidábamos, nos vendíamos los unos a los otros y no sabíamos sobrevivir. «Pura cuestión de supervivencia» dijeron en el comunicado donde anunciaron un decreto de ley por el cual nadie podía estar solo más de una hora al día. Así, por la puta cara.

Desde entonces, vivimos con unas cápsulas de tiempo que se reinician cada día y que nos suministran los 60 minutos que disponemos para estar con nosotros mismos. El resto del tiempo tenemos que estar acompañados bajo pena de cárcel comunitaria, es decir te llevan a una cárcel donde compartes celda las 24 horas del día. La compañía al principio podía ser elegida, una pareja sentimental, un familiar, pero cuando descubrimos que teníamos que reportar gráficamente todos los movimientos de nuestros acompañantes nadie quiso hacerlo voluntariamente, así que se nos separó y se nos asignó un compañero elegido por el Estado, espías del Gobierno de los de toda la vida. Las cápsulas tienen un sensor que detectan cuando estás solo y el tiempo empieza a correr, básicamente yo lo uso para poder cagar y ducharme con algo de intimidad, si tuviera pareja quizás lo usaría para poder follar a gusto. Con el tiempo la picaresca de la gente se puso en marcha y hoy ya es normal el contrabando de cápsulas para ganar tiempo o los sobornos a los acompañantes para que cambien su versión en los reportes semanales. No importa en qué época vivas, la corrupción es algo que va pegada al culo de los seres humanos.

Supuestamente iba a ser una medida transitoria, pero ya llevamos así dos años y no hay indicios de que esto vaya a cambiar pronto. Mi amiga Susana se ligó a su espía y así tienen coartadas para hacer lo que les dé la gana sin supervisión: como ir al cine a ver una película no apta para espíritus sensibles o follar más de una hora sin parar sin documentos gráficos (aunque yo creo que eso habría que documentarlo para luego presumir de ello)

Y mientras termino de ducharme y de pensar en mi abuela Remedios, termino de idear el plan de escape que me he propuesto hoy. Ya no aguanto más a la gente, cada vez soy más antisocial y he decidido fugarme aunque eso suponga tener que vivir sola el resto de mis días. ¡Qué ironía con el miedo que me daba a mi la soledad!

Me he duchado en tres minutos, lo que me da 57 minutos para escapar. Durante los días anteriores he utilizado el tiempo muerto para preparar una pequeña bolsa con lo imprescindible y contactar a la mafia que va a ayudarme a salir de aquí. Dos años de ahorros para poder pagar el precio de mi libertad, sin garantías de que salga bien y con una única oportunidad de hacerlo, si me pillan me espera la cárcel comunitaria de por vida. Mi espía se queda en casa, porque le he dicho que utilizaré el resto de mi tiempo para salir a correr. No puedo usar ningún medio de transporte todos tienen cámaras, así que literalmente tendré que correr para llegar a tiempo al barrio donde me están esperando para sacarme de este país de locos. Todas las fronteras están cerradas, por lo que la única opción, es salir a pie atravesando montañas y esconderme por muchos meses en el bosque hasta que me den oficialmente por muerta, lo que supone vivir aislada y en plena naturaleza durante dos años hasta que se haga oficial mi desaparición de este mundo. ¡En la naturaleza! Con lo que yo odio los bichos y el fango, pero hasta este punto de desesperación hemos llegado.

Cierro la puerta. Cojo las llaves por inercia. La cápsula se activa y los segundos y yo empezamos a correr. Todos me miran extrañados, la moda del running desapareció hace tiempo y después de dos minutos mi respiración se asemeja más a un cerdo jadeando en el matadero que a un ser humano. Dios nos coja confesados, con lo bien que se escapa Angelina Jolie en las películas. Seguimos corriendo, el tiempo y yo, hasta que tire al cacharro este justo cuando pite el último segundo, después seremos la señora que me llevará hasta el refugio y yo; por último, si todo sale bien, la naturaleza y yo, y como si fuera una batalla final con la soledad, solo quedaré yo, completamente sola.»

¿Qué te ha parecido La soledad? ¿Demasiado alejado de la realidad?

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