fbpx Skip to content

La llegada del verano

Un año más tenemos aquí la llegada del verano. Para muchos sinónimo de vacaciones, de fin de curso, de descanso de exámenes y de sol y playa (o montaña, que de todo tiene que haber en la viña del señor)

Recuerdos

Yo siempre he sido una chica de verano. De esas que odia los abrigos, los días de lluvia, la tristeza del otoño y las alergias de primavera. Y eso no significa que el verano sea perfecto, porque las olas de calor que suben el termómetro hasta los 40 grados son un auténtico infierno, pero es ver un rayo de sol y me vengo arriba, como la canción.

Desde hace unos años para mi los veranos se han convertido en primaveras suaves donde la playa se cambia por parques y el chiringuito por pubs. Pero si cierro los ojos, puedo revivir algunos momentos veraniegos que no tienen precio. Como mi abuela con sus gafas de sol de folclórica comiendo fruta mientras se tostaba al sol. O la pandilla reunida en la playa del Rinconcillo decidiendo cuestiones de vida o muerte. O sentirte mayor porque ya ibas sola a Tarifa sin tus padres. O los besos que se daban justo cuando se ponía el sol y la humedad se te pegaba a la piel.

Visualizando con los cinco sentidos

Pero no sólo de recuerdos vive una. Entre los afortunados que practican la meditación (yo ya me he dado por vencida porque mi mente no puede estar ni un segundo en blanco) hay una técnica que consiste en visualizar con lujo de detalles aquello que deseas o que te hace feliz. Así que cuando me harto del fresquito londinense, solo tengo que cerrar los ojos y dejarme llevar.

No hablamos de una playa cualquiera, tú y yo ya sabemos cuál es. Es la hora perfecta donde el sol sigue calentando pero ya no quema. Las olas están en calma pero mecen el agua provocando ese sonido hipnotizador. No existen gaviotas ni ningún bicho volador. La arena es blanca y su tacto me recuerda a esos juguetes antiestrés. Solo se escucha el mar y se divisa el horizonte, porque la humanidad está en la zona de los chiringuitos y las duchas, como en una galaxia muy muy lejana. Huele a sal, como el sabor de tus besos. Y rezo para que nadie nunca encuentre este lugar.

 

Be First to Comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Síguenos