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La crisis de la edad de Cristo

Este es mi quinto cumpleaños en Londres, y como todo 5 que aparece en mi vida se merece una mención. Siempre he oído hablar de la crisis de los 20, 30,40, pero nunca de la crisis de la Edad de Cristo, y sí creo que la tengo.

A lo mejor es la de los 30 que llega cuando le da la gana y a su ritmo, pero mientras veo mi muro de Facebook lleno de fotos de bodas y niños, me pregunto qué clase de crisis es esta.

Un día me veo recibiendo una invitación de una compañera del colegio a un grupo de Facebook y al día siguiente buscando fotos y vídeos de nuestra etapa escolar. Pensando en crear una lista en Youtube de los hits de Generatriz y disfrutando de conversaciones sobre “qué ha sido de” en un grupo de Whatsapp, mientras pienso en aquellos tiempos donde no había calor, zapatos o mal tiempo que evitara que pasáramos en la feria más de doce horas.

Y en estos ataques de regreso al pasado me pregunto si se trata de una manera de evitar el futuro o pensar que todo tiempo pasado fue mejor. Porque sencillamente no lo fue. Son etapas donde la máxima preocupación era ver qué modelito te ponías el fin de semana o si verías o no al X de turno.

Ahora

Ahora es todo un poco más complicado. Ya hace casi una década que terminó la etapa de estudios e incluso la etapa de becaria. Se supone que es la etapa de tomar decisiones importantes, pero en vez de pensar en hipotecas, que la tengo, o en niños, me llama más la atención eso de reinventarse a una misma, pero también me da mucha pereza.

Mis cumpleaños siempre han venido en épocas de cambio y exámenes y siempre tenía la sensación de que al soplar las velas algo emocionante iba a pasar. Pero de nuevo, este año me da flojera soplar las velas. Celebrar que seguimos vivos y todas esas frases optimistas que se leen en los muros sociales o en los libros de autoayuda.

Cuando llegué a esta tierra que no sabe lo que es el verano de verdad ni los carnavales, sabía que no iba a seguir el camino boda, casa, niños (o en el orden que sea) o al menos no de la manera convencional, y eso lo he cumplido.

Que no sepa donde quiero estar ni lo que quiero hacer ahora, no cambia mucho los planes, solo que de nuevo me cansa tantas expectativas que vienen pegadas al culo de cumplir años.

Supongo que era más fácil cuando el camino estaba hecho, y más emocionante cuando tienes la libertad de crearlo una y otra vez.

Y en medio de esta crisis llena de dudas y contradicciones, me autorregalo el permiso de dejar de pensar en el futuro por hoy,  no caer en la nostalgia por los que ya no están y de admitir que solo quiero llegar a casa, soplar las velas (me da pereza pero las tradiciones son las tradiciones) y compartir contigo la tarta y todo lo que tenga que venir.

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