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Día Mundial de la Libertad de Prensa

En el día mundial de la Libertad de Prensa no puedo evitar acordarme de algunos momentos que he vivido gracias a la decisión que tomé un día de dedicarme a una profesión bastante maltratada.

Decisiones

Desde pequeña tuve claro que me gustaba leer y escribir y dí por hecho que mi futuro tendría que ir por esos derroteros. No lo dudé nunca, ni en el temido año de la Selectividad donde te tocaba decidir que vas a estudiar y todo va marcado por una note de corte que por fortuna nunca supuso un problema. Iba a ser periodista, pero no de guerra como me sugería mi abuelo de vez en cuando.

Etapas

Antes de la Universidad, pasé mi fase de adoración hacia periodistas de éxito y nunca me angustió el futuro de una profesión que ya entonces no pintaba muy bien. Tampoco es que me viera a mi misma como uno de ellos, ya que desde el primer año de carrera supe que estar delante de las cámaras no era lo mío. Por la radio sentí amor a primera vista, pero nunca me gustó mi voz tan aguda, así que aunque hice mis pinitos en la radio autonómica, supe unos años más tarde que dejaría que ese amor se quedara oculto entre programas de música e informativos.

Así fue como nos quedamos el papel, la tinta y yo como opciones posibles. Para entonces los ordenadores ya estaban en todas las redacciones, pero las ruedas de prensa se seguían cubriendo con libreta y boli, aunque llevaras una grabadora en el bolso. Pasé por la prensa y por revistas, y aunque fui desencantándome con todo lo que hay detrás del mundo periodistico, la escritura y yo hicimos un trato de por vida. No importaba dónde ni cuando pero siempre seguiría escribiendo.

Hoy

Y en eso estoy. También pasé mi etapa corporativa de gabinetes de prensa, e incluso estuve unos años jugueteando con otras profesiones, pero ahora vivo inmersa en el mundo de las redes sociales; porque donde nos expresemos es lo de menos, lo importante es hacerlo y que no nos callen la voz.

Sobre éticas y cómo dar vida a esa voz que nos pertence podría estar escribiendo durante días (al menos así servirían esas asignaturas de ética y legalidad que tuve en la Facultad), pero no seré yo quien censure a la libertad de expresión. Es deber de cada uno cuidarla y hacer que la respeten, porque si no puede suceder lo que le sucede a la prensa, que ya nadie la cree.

 

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