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Despedidas silenciosas

Despedidas silenciosas

Y esto es lo que tiene vivir a un avión de distancia, que a veces volar no es tan rápido como creemos y no se consigue llegar a tiempo.

Y cuando no se llega, ya solo nos quedan silencios y recuerdos. Silencios, porque nunca sabré si los últimos días podías escuchar lo que había a tu alrededor o sentir el tacto de los que te tocábamos, pero al menos los recuerdos son algo que, salvo algunas malditas enfermedades, nadie puede quitarnos.

Por eso estos días solo pienso en avellanas, copitas de vino tinto y cuadernos impolutos donde todo queda apuntado y nada se escapa. En munas de domingo, monederos de piel y billetes atados con una cuerda de goma. En camisas con bolsillos, bastones de madera y libros de guerras.

Y en silencios, como las despedidas silenciosas que se van sin hacer el más mínimo ruido.

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